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Bailando en Luz Plateada

Medida: 160cm x 120cm
Materiales: oleo, acrílico
En esta pintura, quise capturar la delicada pero poderosa esencia de la feminidad a través de la representación de dos bailarinas. Sus faldas, aplicadas en gruesas capas de óleo puro, se asemejan a flores en plena floración, cada capa, parecida a un pétalo, simbolizando la gracia y la resiliencia. El contraste entre las faldas texturizadas y sus cuerpos suaves y refinados refleja la dualidad de fuerza y suavidad que, creo, define la belleza de la condición femenina.
Veo una profunda conexión entre las flores, las bailarinas y las mujeres. Así como las flores florecen y danzan al viento, las bailarinas se mueven con una gracia que parece casi effortless, encarnando la elegancia y la fuerza que veo en todas las mujeres. El ballet, para mí, es una metáfora perfecta de la experiencia femenina: delicada pero poderosa, refinada pero resiliente.
Siempre me he sentido atraída por pintar bailarinas porque admiro el trabajo de Edgar Degas. Su capacidad para capturar la sutileza del movimiento y el mundo interno de sus sujetos ha influido profundamente en mi visión artística. Un dato curioso sobre Degas que me inspira es que, a pesar de ser conocido por sus representaciones de bailarinas, una vez dijo: “Ningún arte fue jamás menos espontáneo que el mío”. Esto habla del cuidado meticuloso y la dedicación necesarios para crear algo que parece tan effortless, un sentimiento que llevo conmigo en mi propio trabajo.
En esta obra, el fondo plateado con su superficie texturizada añade una capa de belleza etérea, creando un espacio onírico donde estas dos bailarinas existen. El contraste deliberado entre las dos figuras, una mirando hacia abajo y la otra hacia arriba, representa el equilibrio y la tensión que existe en la vida, en el arte y dentro de nosotras como mujeres.

$3,800

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    En esta pintura, quise capturar la delicada pero poderosa esencia de la feminidad a través de la representación de dos bailarinas. Sus faldas, aplicadas en gruesas capas de óleo puro, se asemejan a flores en plena floración, cada capa, parecida a un pétalo, simbolizando la gracia y la resiliencia. El contraste entre las faldas texturizadas y sus cuerpos suaves y refinados refleja la dualidad de fuerza y suavidad que, creo, define la belleza de la condición femenina.
    Veo una profunda conexión entre las flores, las bailarinas y las mujeres. Así como las flores florecen y danzan al viento, las bailarinas se mueven con una gracia que parece casi effortless, encarnando la elegancia y la fuerza que veo en todas las mujeres. El ballet, para mí, es una metáfora perfecta de la experiencia femenina: delicada pero poderosa, refinada pero resiliente.
    Siempre me he sentido atraída por pintar bailarinas porque admiro el trabajo de Edgar Degas. Su capacidad para capturar la sutileza del movimiento y el mundo interno de sus sujetos ha influido profundamente en mi visión artística. Un dato curioso sobre Degas que me inspira es que, a pesar de ser conocido por sus representaciones de bailarinas, una vez dijo: “Ningún arte fue jamás menos espontáneo que el mío”. Esto habla del cuidado meticuloso y la dedicación necesarios para crear algo que parece tan effortless, un sentimiento que llevo conmigo en mi propio trabajo.
    En esta obra, el fondo plateado con su superficie texturizada añade una capa de belleza etérea, creando un espacio onírico donde estas dos bailarinas existen. El contraste deliberado entre las dos figuras, una mirando hacia abajo y la otra hacia arriba, representa el equilibrio y la tensión que existe en la vida, en el arte y dentro de nosotras como mujeres.

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